martes, 10 de febrero de 2026
lunes, 2 de febrero de 2026
SOBRE TROYA
Recogemos algunas fábulas mitológicas de Gayo Julio Higino (siglo I a.C. - I d. C.) alusivas al mito de Troya
LXXXIX. LAOMEDONTE
1. Cuentan que Neptuno y Apolo construyeron las murallas de Troya. El rey Laomedonte prometió que sacrificaría todo el ganado que naciera en su reino durante ese año. Pero, por avaricia, no cumplió con su promesa. Otros dicen que el rey les había prometido muy poco. 2. Entonces Neptuno envió un monstruo marino para que atacara Troya, lo que dio lugar a que el rey enviase mensajeros para consultar a Apolo. Este dios, irritado, respondió lo siguiente: la calamidad terminaría si se ataba a jóvenes doncellas troyanas ante el monstruo. 3. Cuando habían sido devoradas muchas jóvenes y el azar recayó en Hesíone, que fue atada a las rocas, Hércules y Telamón, que iban de camino a la Cólquide con los Argonautas, se presentaron allí mismo, mataron al monstruo y devolvieron a Hesíone a su padre a cambio de que, a su vuelta, se la llevaran consigo a su patria junto con los caballos que cabalgaban sobre las aguas y sobre las espigas. 4. Laomedonte mintió también en esto y no quiso entregar a Hesíone. Así pues, Hércules, con naves equipadas, se dirigió hasta allí para atacar Troya, mató a Laomedonte y entregó el reino a su pequeño hijo Podarces, que más tarde se llamó Príamo, del griego príasthai ["comprar"]. 5. Recuperada Hesíone, se la entregó en matrimonio a Telamón y de ella nació Teucro.
XCI. ALEJANDRO - PARIS
1. Príamo, hijo de Laomedonte, había tenido muchos hijos de su unión con Hécuba, hija de Ciseo o de Dimante. Esta, que estaba embarazada, soñó que daba a luz una antorcha encendida, de la que nacían numerosas serpientes. 2. Cuando les contó el sueño a todos los intérpretes adivinos, estos ordenaron que se diera muerte al niño que naciera para que no fuese la ruina de la ciudad. 3. Cuando Hécuba dio a luz a Alejandro, fue entregado para que lo mataran, pero los sirvientes, por piedad, lo abandonaron. Fue encontrado por unos pastores que lo criaron como hijo suyo y lo llamaron Paris. 4. Al llegar a la adolescencia, el niño tenía especial estima por un toro. Cuando llegaron allí unos sirvientes, enviados por Príamo, para llevarse un toro que se ofrecería en los juegos fúnebres celebrados en su honor, decidieron llevarse el toro de Paris. 5. Este los persiguió y les preguntó adónde lo llevaban. Le respondieron que al reino de Príamo, como premio para quien venciera en los juegos fúnebres de Alejandro. Este, incitado por el cariño que sentía por el toro, se presentó en los juegos y superó a todos, incluso a sus propios hermanos. 6. Deífobo, indignado, desenvainó la espada contra él, pero Paris saltó al altar de Júpiter Herceo. Como Casandra había profetizado que quien hiciera eso sería su hermano, Príamo reconoció a Paris y lo acogió en su reino.
XCII. EL JUICIO DE PARIS
1. Se cuenta que, cuando se casaron Tetis y Peleo, Júpiter había invitado a todos los dioses al banquete excepto a Eris, la Discordia. Esta se presentó más tarde, pero no fue admitida en el banquete. Entonces, ante todos, lanzó por la puerta una manzana y dijo que la cogiera la más hermosa. 2. Juno, Venus y Minerva comenzaron a reivindicar para sí el título "de la más bella" y surgió entre ellas una gran discordia. Júpiter ordenó a Mercurio que se las llevara al monte Ida ante Alejandro Paris y que este actuara como juez. 3. Juno le prometió a Paris que, si decidía en su favor, reinaría sobre toda la tierra y sería más rico que nadie; Minerva, si era la vencedora, le prometió que sería el más fuerte entre los mortales y experto en cualquier disciplina; Venus, por su parte, prometió que le entregaría en matrimonio a Helena, la hija de Tíndaro, la más hermosa de todas las mujeres. 4. Paris prefirió este último regalo a todos los demás y dictaminó que Venus era la más hermosa. Por este asunto Juno y Minerva fueron enemigas de los troyanos. 5. Alejandro Paris, impulsado por Venus, se llevó a Helena de casa del lacedemonio Menelao a Troya, junto con dos antiguas reinas, Etra y Tisadia, a las que Cástor y Pólux habían hecho prisioneras. Finalmente Paris tomó a Helena como esposa.
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| Juicio de Paris |
XCV. ULISES
1. Cuando Agamenón y Menelao, hijos de Atreo, iban a la cabeza de los jefes conjurados para tomar Troya, llegaron a la isla de Ítaca ante Ulises, hijo de Laertes, a quien un oráculo le había predicho que, si iba a Troya, regresaría a casa después de veinte años, indigente, solo, después de haber perdido a sus compañeros. 2. Así pues, como sabía que unos embajadores irían a verlo, fingió estar loco, se puso un sombrero y unció un caballo y un buey al arado. Palamedes, al verlo, se dio cuenta de que estaba fingiendo y, tras sacar a su hijo Telémaco de la cuna, lo puso al lado del arado y dijo: "Deja de fingir y ven junto a los conjurados". Entonces Ulises dio su palabra de que iría. Desde aquel momento se convirtió en enemigo de Palamedes.
XCVI. AQUILES
1. Como la nereida Tetis sabía que su hijo Aquiles, a quien había engendrado de Peleo, moriría si atacaba Troya, se lo confió al rey Licomedes, en la isla de Esciros. Este lo cuidó, vestido de mujer, entre sus hijas doncellas, con otro nombre, pues las jóvenes lo llamaban Pirra, porque tenía los cabellos rubios y en griego "rubio" se dice pyrrhon. 2. Los aqueos, al enterarse de que se escondía allí, enviaron a unos mensajeros ante el rey Licomedes para pedirle que enviara a Aquiles como ayudante de los dánaos. El rey decía que Aquiles no se encontraba allí y les dio permiso para buscarlo en el palacio. 3. Al no poder averiguar quién era Aquiles, se colocaron en el vestíbulo del palacio regalos para las mujeres, entre los cuales había un escudo y una lanza, y se ordenó que sonara una trompeta de repente y que se provocaran ruidos de guerra y griterío. 4. Aquiles, pensando que el enemigo estaba allí, desgarró su vestido de mujer y cogió el escudo y la lanza. Así fue reconocido y les prometió a los argivos su ayuda y la de sus soldados, los mirmidones.
CII. FILOCTETES
1. Cuando Filoctetes, hijo de Peante y de Demonasa, estaba en la isla de Lemnos, una serpiente lo mordió en un pie. La había enviado Juno, irritada contra él, porque había sido el único entre todos que se había atrevido a construir la pira de Hércules cuando este abandonó su cuerpo de hombre y alcanzó la inmortalidad. 2. Como recompensa, Hércules le dio a Filoctetes sus flechas divinas. Pero, como los aqueos no podían soportar el terrible olor de la herida de Filoctetes, por orden de Agamenón lo abandonaron en la isla de Lemnos con sus flechas divinas. Un pastor del rey Áctor, llamado Ifímaco, hijo de Dolopión, alimentó al abandonado. 3. Más tarde un oráculo vaticinó que sin las flechas de Hércules no se podría tomar Troya. Entonces Agamenón envió como emisarios ante Filoctetes a Ulises y a Diomedes. Estos lo convencieron para que se reconciliara con ellos y les ayudara a conquistar Troya. Finalmente se lo llevaron.
CVI. EL RESCATE DE HÉCTOR
1. En el mismo momento en el que entregó a Criseida a su padre Crises, sacerdote de Apolo Esminteo, Agamenón separó del lado de Aquiles a Briseida, la hija cautiva del sacerdote Brises, de Misia, a la que Aquiles había tomado por su extraordinaria belleza. Enojado por este motivo, Aquiles no se dejaba ver en los combates, sino que se ejercitaba con la cítara en su tienda. 2. Como Héctor había puesto en fuga a los argivos, Aquiles, reprendido por Patroclo, le entregó a este sus armas, con las que hizo huir a los troyanos, que pensaban que era Aquiles, y con las que mató a Sarpedón, el hijo de Júpiter y de Europa. Después el mismo Patroclo fue muerto por Héctor y las armas de Aquiles fueron arrancadas de su cuerpo. 3. Aquiles se reconcilió con Agamenón y este le devolvió a Briseida. Entonces, como Aquiles estaba sin armas para enfrentarse con Héctor, su madre Tetis se las consiguió de la fragua de Vulcano, armas que las nereidas llevaron a través del mar. 4. Con estas armas Aquiles mató a Héctor y, atándolo a su carro, lo arrastró alrededor de las murallas de Troya. Como Aquiles no quiso entregárselo a su padre para que lo enterrara, por mandato de Júpiter y bajo las guía de Mercurio, Príamo llegó al campamento de los dánaos, recibió el cuerpo de su hijo, pagado a precio de oro, y finalmente le dio sepultura.
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| Aquiles y Héctor se enfrentan |
CVII. EL JUICIO DE LAS ARMAS
1. Una vez enterrado Héctor, Aquiles andaba errante por las murallas de Troya y decía que él solo tomaría al asalto esa ciudad. Apolo, enojado, simulando que era Alejandro Paris, le atravesó con una flecha el talón que, dicen, era su punto mortal y lo mató. 2. Muerto y enterrado Aquiles, Áyax, hijo de Telamón, como era primo hermano suyo, les pidió a los dánaos que le dieran las armas de Aquiles. Como Minerva estaba irritada, Agamenón y Menelao le negaron las armas y se las entregaron a Ulises. 3. Áyax, enfurecido y enloquecido, mató a su ganado y se dio muerte hiriéndose con la espada que recibió de Héctor cuando luchaba con él en combate.
CVIII. EL CABALLO DE TROYA
1. Como los aqueos no habían podido tomar Troya en un espacio de diez años, Epeo, aconsejado por Minerva, hizo un caballo de madera de grandes dimensiones y dentro encerraron a Menelao, Ulises, Diomedes, Tesandro, Esténelo, Acamante, Toante, Macaón y Neoptólemo. En el caballo escribieron: "LOS DÁNAOS LO ENTREGAN A MINERVA COMO REGALO". Y trasladaron su campamento a la isla de Ténedos. 2. Cuando los troyanos vieron el caballo, pensaron que los enemigos se habían marchado. Príamo ordenó que se condujera el caballo a la fortaleza de Minerva y anunció que hubiera grandes festejos. Cuando la adivina Casandra vaticinó que el enemigo estaba allí dentro, no se le dio crédito. 3. Cuando colocaron el caballo en la ciudadela y ellos mismos se durmieron, agotados por la fiesta y el vino, los aqueos salieron del caballo, abierto por Sinón, mataron a los guardianes de las puertas, recibieron a sus compañeros tras enviarles una señal y se apoderaron de Troya.
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| El caballo de Troya |
(Traducción de Guadalupe Morcillo Expósito, Akal, Tres Cantos, 2008; con modificaciones)
domingo, 1 de febrero de 2026
LA CAÍDA DE TROYA
Se ofrece el relato de Apolodoro (siglo I o II d. C.) en su Biblioteca mitológica (Epítomes V y VI 5-6)
Filoctetes y el arco de Heracles
La guerra duraba ya diez años y los helenos estaban desalentados. Calcante les predijo que no podrían tomar Troya de ninguna manera si no lograban el apoyo del arco y de las flechas de Heracles. Después de oír esto, Odiseo se fue junto con Diomedes a Lemnos ante Filoctetes. Odiseo se apoderó del arco y de las flechas mediante un engaño y convenció a Filoctetes para que navegara a Troya.
Cuando Filoctetes llegó a Troya, fue curado por Podalirio y disparó contra Alejandro. Una vez muerto este, Héleno y Deífobo disputaron por casarse con Helena: el elegido fue Deífobo. Héleno abandonó Troya y vivió en el monte Ida.
Las profecías de Héleno
Calcante dijo también que Héleno conocía los oráculos que protegían a la ciudad de Troya. Odiseo le tendió una emboscada a Héleno, lo capturó y lo llevó al campamento. Entonces Héleno, obligado, confesó cómo podría tomarse Troya: en primer lugar, si se traían los huesos de Pélope; después si Neoptólemo se incorporaba a la guerra; en tercer lugar, si se robaba el Paladio, caído del cielo. Estando el Paladio dentro, no se podría tomar la ciudad.
Oído esto, los helenos hicieron transportar los huesos de Pélope. También enviaron a Odiseo y a Fénix a Esciros ante Licomedes, a quien convencieron para que cediese a Neoptólemo. Cuando este llegó al campamento, después de recibir la armadura de su padre espontáneamente a manos de Odiseo, mató a muchos troyanos. Más tarde llegó Eurípilo, el hijo de Télefo, como aliado de los troyanos, conduciendo grandes tropas de los misios. También a este, que hacía proezas, le dio muerte Neoptólemo.
Por otra parte, Odiseo junto con Diomedes fue de noche a la ciudad. Dejó allí esperando a Diomedes y él, camuflado y vestido con ropas de pobre, entró en la ciudad como un mendigo desconocido. Pero fue reconocido por Helena y, gracias a ella, robó el Paladio, mató a muchos vigilantes y volvió a las naves con Diomedes.
El gran caballo de madera
Posteriormente Odiseo ideó la construcción de un caballo de madera y se lo hizo concebir a Epeo, que era constructor. Este cortó madera del monte Ida y construyó el caballo, hueco por dentro y con aberturas por los lados. Odiseo convenció a los cincuenta más valientes o a tres mil, como cuenta el autor de la Pequeña Ilíada, de entrar en él. A los demás, en cambio, les ordenó que, después de pegar fuego a las tiendas y de hacerse a la mar, se quedaran anclados en torno a la isla de Ténedos y que, pasada la siguiente noche, navegaran de nuevo a la costa de Troya.
Obedecieron e hicieron entrar en el caballo a los más valientes, después de nombrar capitán a Odiseo, y grabaron una inscripción que decía: "LOS HELENOS DEDICAN A ATENEA ESTE TESTIMONIO DE RECONOCIMIENTO POR SU REGRESO A CASA". Después pegaron ellos mismos fuego a las tiendas y abandonaron allí a Sinón, que era quien debía encender una señal luminosa. Se hicieron a la mar por la noche y quedaron anclados en torno a la isla de Ténedos.
Cuando se hizo de día, los troyanos contemplaron el campamento de los helenos desierto. Creyendo que habían huido, arrastraron el caballo llenos de alegría, lo colocaron ante el palacio de Príamo y empezaron a deliberar qué hacer con él. Al decir Casandra que dentro había una fuerza armada y además al ratificarlo Laoconte el adivino, a unos les pareció mejor quemarlo, a otros arrojarlo a un acantilado. Sin embargo, la opinión de la mayoría fue conservarlo intacto como una ofrenda a los dioses: celebraron un sacrificio y un banquete.
Con todo, Apolo les envió una señal: dos serpientes atravesaron a nado el mar desde las islas cercanas y devoraron a los hijos de Laoconte.
Cuando se hizo de noche y el sueño se apoderó de todos, los helenos volvieron a la costa de Troya desde Ténedos y Sinón, desde la tumba de Aquiles, les encendió una señal luminosa.
Pero, en esto, Helena fue alrededor del caballo e, imitando las voces de las mujeres de cada uno de los guerreros, los llamaba: cuando Anticlo quiso responder, Odiseo le tapó la boca. Cuando consideraron que los troyanos ya estarían durmiendo, abrieron el caballo y salieron con las armas. El primero en salir, Equión, hijo de Porteo, se mató al saltar. Los demás se descolgaron por una cuerda y, subidos a las murallas, encendieron una señal ; a continuación abrieron las puertas para recibir a los que habían venido por mar desde Ténedos.
Toma de Troya
Los helenos avanzaron con las armas preparadas hacia la ciudad y, entrando en las casas, iban matando a los que dormían. Neoptólemo mató a Príamo, que se había refugiado en el altar de Zeus Protector. Odiseo y Menelao salvaron armas en mano a Glauco, reconociéndolo cuando huía hacia su casa. Eneas, el hijo de Anquises, puso sobre sus hombros a su padre y escapó, pues los helenos lo dejaron marchar sano y salvo por su piedad. Menelao mató a Deífobo y llevó a Helena hacia las naves. Los hijos de Teseo, Demofonte y Acamante, (pues dicen que estos vinieron más tarde a Troya) se llevaron también a Etra, la madre de Teseo. Áyax el locro, viendo a Casandra abrazada a una estatua de madera de Atenea, la violó; por ello esa estatua mira al cielo.
Después de matar a los troyanos, incendiaron la ciudad y se repartieron el botín. Ofrecieron sacrificios a todos los dioses. Arrojaron desde una torre a Astianacte y degollaron a Políxena sobre la tumba de Aquiles. Agamenón consiguió por privilegio a Casandra, Neoptólemo a Andrómaca y Odiseo a Hécuba. Aunque, según dicen algunos, fue Héleno quien obtuvo a Hécuba y se fue con ella al Quersoneso: Hécuba se convirtió en perra y Héleno la enterró en un lugar que hoy se llama Sepulcro de la Perra. A Laódice, que sobresalía por su belleza entre las hijas de Príamo, la sepultó la tierra abriéndose a la vista de todos.
Muerte de Áyax por impiedad
Y cuando iban a hacerse a la mar después de haber saqueado Troya, se vieron retenidos por Calcante, que les dijo que Atenea estaba encolerizada por la impiedad de Áyax y que, por tanto, debían matarlo. Pero Áyax se refugió en el altar y entonces lo dejaron sano y salvo. [...]
Agamenón, tras hacer un sacrificio, se hizo a la mar y arribó a Ténedos. Pero allí se presentó Tetis y convenció a Neoptólemo para que esperase dos días más y entonces hiciese un sacrificio, y Neoptólemo esperó. Pero los que se hicieron a la mar sufrieron una tempestad a la altura de Tenos, pues Atenea le había rogado a Zeus que enviase una tormenta contra los helenos. Se hundieron muchas naves.
Atenea lanzó un rayo contra la nave de Áyax y la deshizo. Áyax se salvó sobre una roca y dijo que se había salvado a pesar del propósito de la diosa. Entonces Posidón golpeó la roca con el tridente y la partió: Áyax cayó al mar y murió. Cuando fue llevado a la costa por las olas, Tetis lo enterró en Miconos.
(Traducción de José Calderón Felices, Akal, Torrejón de Ardoz, 1987; con modificaciones)
AQUILES
Exponemos la narración que se contiene en la Biblioteca mitológica de Apolodoro, autor del siglo I o II d. C. (libro III, 168 - 176; epítomes III, 1; 6; 11; 15; 16 ; 29; IV, 1; 3; 5; 6 -8; V 1; 3- 7)
Tetis y Peleo
Peleo se casó de nuevo con Tetis, la hija de Nereo. Por casarse con ella habían disputado Zeus y Posidón. Pero cuando Temis vaticinó que el hijo que naciera de Tetis sería más fuerte que su padre, ambos dioses desistieron. En cambio, algunos dicen que cuando Zeus pensaba unirse a ella, Prometeo le anunció que el que naciera de Tetis dominaría el cielo. Finalmente, otros dicen que Tetis no quiso unirse a Zeus porque había sido criada por Hera y que Zeus, irritado, quiso entonces unirla a un mortal.
Quirón le aconsejó a Peleo que atrapara a Tetis y que la sujetara firmemente, aunque cambiase de forma. Peleo la acechó hasta retenerla y, aunque se convertía en fuego, en agua y en fiera, no la soltó hasta que recuperó su forma primitiva.
Así Peleo se casó con Tetis en el monte Pelión y allí los dioses celebraron la boda entre banquetes y canciones. Quirón le regaló a Peleo una lanza de madera de fresno y Posidón le dio los caballos Balio y Janto, que eran inmortales.
Infancia de Aquiles
Cuando Tetis dio a luz un hijo de Peleo, queriendo hacerlo inmortal a escondidas de Peleo, lo metía en el fuego por la noche para destruir la parte mortal que procedía de su padre y de día lo ungía de ambrosía. Pero Peleo la espiaba y, viendo al niño saltar en el fuego, pidió ayuda a gritos. Tetis, al ver que se le impedía realizar su propósito, abandonó al niño, que aún no hablaba, y se fue con las Nereidas.
Peleo le llevó el niño al centauro Quirón, que lo recogió y lo crio con entrañas de leones y de jabalíes, y con médulas de osos, y le dio el nombre de Aquiles, porque no (a-) aplicaba sus labios (kheile) a los pechos. Su nombre anterior era Ligirón. [...]
En la corte de Licomedes
Cuando Aquiles cumplió nueve años, Calcante dijo que no se podría tomar Troya sin Aquiles. Pero Tetis, temiendo que muriera sin remisión si iba a la guerra, lo ocultó con un vestido de mujer y, como si fuera una muchacha, se lo confió al rey Licomedes. Allí fue criado y se unió con Deidamía, la hija de Licomedes, y le nació un niño, Pirro, luego llamado Neoptólemo.
En la Guerra de Troya
Pero Odiseo, en su búsqueda de Aquiles, una vez que se supo que estaba en el palacio de Licomedes, lo encontró utilizando una trompeta. De esta manera Aquiles fue a Troya. Lo acompañó Fénix, el hijo de Amintor. [...]. Lo acompañó también Patroclo, el hijo de Menecio y de Esténele, la hija de Acasto, o bien de Periopis, la hija de Feres, como dice Filócrates, o de Polimela, la hija de Peleo. Patroclo, tras discutir durante una partida de dados, mató en Opunte a Clitónimo, el hijo de Anfidamante. Patroclo huyó junto con su padre, se estableció en casa de Peleo y se convirtió en amante de Aquiles... [...]
Más tarde Alejandro raptó a Helena, según dicen algunos, por voluntad de Zeus, para que su hija se hiciera famosa por enfrentar en una guerra a Europa y a Asia; o, como dijeron otros, para que el linaje de los héroes fuera exaltado. [...] Cuando Menelao se enteró del rapto, fue a Micenas ante Agamenón y le pidió que reuniese un ejército contra Troya, alistando soldados en la Hélade. [...] El ejército se concentró en Áulide. [...]
Hallándose el ejército en Áulide, tras haber hecho sacrificios a Apolo, una serpiente se cayó desde el altar que se hallaba junto a un plátano cercano, donde había un nido, y, después de devorar ocho gorriones junto con su madre, que fue la novena, se convirtió en piedra. Calcante dijo que esto era una señal que se les presentaba por voluntad de Zeus y, conjeturando por lo que había sucedido, dijo que en el plazo de diez años necesariamente tomarían Troya. Por tanto, se prepararon para tomar Troya.
El general en jefe de todo el ejército era Agamenón y al frente de la flota iba Aquiles, de quince años de edad.
Desde Ténedos se hicieron a la mar y llegaron a Troya. [...] Entonces Tetis le dijo a Aquiles que no desembarcara de las naves el primero, pues el que desembarcara el primero, sería también el primero en morir. [...]
Aquiles, encolerizado a causa de Briseida, no salía a combatir. < Agamenón le había arrebatado Briseida a Aquiles para compensar la pérdida de Criseida>, la hija del sacerdote Crises. [...] Los troyanos empujaron a los helenos hasta la muralla. Entonces los helenos enviaron a Odiseo, a Fénix y a Áyax como embajadores ante Aquiles, para pedirle su apoyo en la guerra. Le prometían la restitución de Briseida y otros regalos. [...]
Entonces Héctor abrió una brecha en la muralla de los helenos, entró y, gracias a la retirada de Áyax, logró pegar fuego a las naves. Cuando Aquiles vio que la nave de Protesilao ardía, envió a Patroclo, armado con sus propias armas, junto con los mirmidones, y les dio caballos. Al verlos, los troyanos pensaron que se trataba de Aquiles y huyeron. Patroclo persiguió a los troyanos hasta la muralla y mató a muchos, entre ellos, a Sarpedón, hijo de Zeus. Pero Patroclo fue muerto a su vez a manos de Héctor, tras haber sido ya herido por Euforbo. Se produjo entonces un terrible combate por recuperar su cadáver; a duras penas Áyax consiguió imponerse y salvar su cuerpo.
Entonces Aquiles depuso su cólera y obtuvo a Briseida. Se puso la armadura que le había proporcionado Hefesto y salió al combate. Persiguió a los troyanos en tropel hasta el río Escamandro y allí mató a muchos, entre ellos, a Asteropeo, el hijo de Pelegón, hijo a su vez del río Axio. Entonces el río Escamandro se lanzó violentamente contra Aquiles, pero Hefesto secó sus aguas alejándolo con fuertes llamaradas.
Aquiles mató también en combate singular a Héctor y, atándolo del carro por los tobillos, se fue arrastrándolo hacia las naves. Una vez que se enterró a Patroclo, Aquiles celebró unos juegos en su honor, en los que Diomedes venció en la carrera de carros, Epeo en el pugilato y Odiseo en la lucha. Después de los juegos, se presentó Príamo ante Aquiles, rescató el cuerpo de Héctor y lo enterró.
Pentesilea, hija de Otrere y de Ares, que mató involuntariamente a Hipólita y fue purificada por Príamo, cuando se produjo el combate, dio muerte a muchos, entre ellos, a Macaón. Más tarde Pentesilea murió a su vez a manos de Aquiles, quien, enamorado de esta amazona después de haberla matado, le dio muerte también a Tersites por injuriarlo. [...]
Aquiles también mató a Memnón, el hijo de Titono y de la Aurora, que se había presentado en Troya con grandes fuerzas de los etíopes contra los helenos y había matado a muchos, incluso a Antíloco.
Muerte de Aquiles
Tras haber perseguido también a los troyanos, Aquiles, junto a las puertas Esceas, fue alcanzado en el tobillo por una flecha que dispararon Alejandro y Apolo. Tuvo lugar entonces un combate por el cadáver de Aquiles. Áyax le dio muerte a Glauco y entregó las armas de Aquiles para que las llevaran a las naves. Después Áyax cargó con el cuerpo bajo una lluvia de proyectiles y atravesó por el medio de los enemigos, mientras Odiseo combatía a los atacantes.
Una vez muerto Aquiles, el ejército se vio abrumado de desgracias. Lo enterraron en la Isla Blanca junto a Patroclo, mezclando los huesos de ambos. Se dice además que tras la muerte Aquiles vivió con Medea en las islas de los Bienaventurados. Se celebraron unos juegos en su honor, en los cuales Eumelo venció en la carrera de carros, Áyax en el lanzamiento de disco y Teucro con el arco.
La armadura de Aquiles se puso como premio para el vencedor de una prueba: se presentaron a la competición Áyax y Odiseo. Fue elegido vencedor Odiseo, siendo árbitros los troyanos, o, según algunos, los aliados. Entonces Áyax, perturbado por el disgusto, tramó atacar por la noche al ejército; habiéndole infundido Atenea la locura, se dirigió espada en mano contra los ganados. Totalmente loco, dio muerte a los rebaños junto con los boyeros como si fueran aqueos. Cuando más tarde Áyax se recuperó de su locura, se dio muerte.
(Traducción de José Calderón Felices, Akal, Torrejón de Ardoz, 1987; con modificaciones)
jueves, 29 de enero de 2026
LOS AMORES DE AFRODITA Y ARES
Ofrecemos el relato de Homero, Odisea, libro VIII, versos 266 – 369.
Entonces Demódoco, tocando la lira, se lanzó a cantar bellamente acerca del amor de Ares y de Afrodita de hermosa
corona, cómo en cierta ocasión se unieron amorosamente a escondidas en la morada de Hefesto, en secreto.
Ares le dio muchos regalos y deshonró el matrimonio y el lecho del soberano Hefesto. Pero pronto acudió a él como mensajero Helios, que los había visto
unirse en amor.
Conque, en cuanto Hefesto escuchó la amarga noticia, marchó hacia su fragua maquinando venganza en su interior. Colocó sobre
el tajo un gran yunque y martilleó unas ataduras irrompibles,
inquebrantables, para que resistieran firmemente.
Luego, cuando ya había construido su trampa, Hefesto, enfurecido contra Ares, se dirigió hacia su dormitorio, donde estaba su propio lecho. Y allí colocó las ataduras con sus lazos por un lado y otro en círculo, como ligeros hilos de araña, que nadie pudiera ver, ni siquiera los dioses felices. Así alrededor del techo quedó fijada la trampa.
Luego, después de que hubo tendido la trampa alrededor de la cama, simuló que se iba hacia Lemnos, ciudad bien edificada, que le es con mucho la más querida de todas.
No tenía un ciego espionaje Ares, el de las riendas de oro, pues vio marcharse a lo lejos a Hefesto, el ilustre artesano. Ares echó a andar hacia la casa del muy ilustre Hefesto deseando el amor de Citerea, la diosa
de la hermosa corona. Estaba ella sentada; acababa
de venir de junto a su padre Zeus, el poderoso hijo de Crono.
Ares entró en la casa, tomó a
Afrodita de la mano, le habló y la llamó por su nombre: “Ven, querida, vayamos a la cama a acostarnos, pues Hefesto no está aquí, pues se ha marchado a Lemnos, junto a los sintias, de lengua incomprensible”.
Así habló y a ella sintió grandes deseos de acostarse. Ambos marcharon a la cama y se acostaron. Pero por un lado y por otro los envolvieron los lazos fabricados por el astuto Hefesto y no les era
posible moverse en ningún sentido ni tampoco levantarse. Y entonces se dieron cuenta de que no
había escapatoria posible.
Con rápido regreso se aproximó a ellos de nuevo Hefesto, el muy ilustre patizambo, que se había dado la vuelta antes de llegar a la tierra de Lemnos. Porque Helios, que vigilaba, le contó la noticia. Hefesto echó a andar hacia su casa, muy irritado en su corazón. Se detuvo en el atrio, mientras se apoderaba de él un furor salvaje. Y gritó de manera terrible, y llamaba a todos los dioses:
“Zeus Padre y los demás dioses
felices que vivís eternamente, acudid a contemplar un suceso ridículo e indecente: cómo Afrodita, la hija de Zeus, me deshonra continuamente porque
soy cojo y se entrega amorosamente al pernicioso Ares; él es hermoso y de buenas piernas, mientras que yo quedé lisiado. Pero de eso no soy culpable en nada,
sino mis dos padres, que ojalá no me hubieran engendrado. Pero venid a verlos, cómo ambos están acostados en abrazo amoroso, metidos en mi propia cama. Los veo y me lleno de
dolor, pues nunca esperé que fueran a unirse así por mucho que se amaran. ¡Pero pronto no querrán dormir juntos! Pues los retendrán a los dos la trampa y las ataduras, hasta que su padre me devuelva mis regalos de boda, todo cuanto ofrecí por su hija, la de cara de perra, porque es tan bella como desvergonzada”.
Así habló y los dioses se reunieron en la casa de piso de bronce. Llegó Poseidón, el que abraza la tierra;
llegó el muy artero, Hermes, y llegó el soberano Apolo, certero flechador. Pero las diosas, por vergüenza, se quedaban en casa.
| Marte y Venus (Antonio Canova) |
Se situaron los dioses, dadores de
bienes, junto al atrio y se les levantó una risa inextinguible al ver la artimaña del muy sagaz Hefesto. Así comentó, al verlo, un dios al que tenía al lado: “No
salen bien las malas acciones. El lento alcanza al veloz. Así ahora Hefesto,
que es lento, ha atrapado a Ares, que es el más veloz
de los dioses que habitan el Olimpo; siendo cojo, lo atrapó con sus artes. Y Ares debe pagar la multa por
adulterio”.
De tal modo ellos hablaban unos con otros. Y el
soberano Apolo, hijo de Zeus, le dijo a Hermes: “Hermes, hijo de Zeus,
mensajero, dador de bienes, ¿te gustaría dormir en la cama junto a la dorada Afrodita
sujeto por fuertes ataduras?”
Y le contestó Hermes, el mensajero
Argifonte: “¡Ojalá sucediera eso, soberano arquero Apolo!
¡Que me sujetaran ataduras, tres veces más irrompibles que esas, y lo vierais vosotros los dioses y todas las diosas, mientras yo yaciera al lado de la dorada Afrodita!”
Así dijo y rompieron a reír los
inmortales dioses. Pero Poseidón no se reía y no le dejaba de pedir al ingenioso Hefesto que liberara a Ares. Y le habló y le dirigió estas aladas
palabras: “Suéltalo y te prometo, como ordenas, que te pagaré todo lo que es
justo entre los dioses inmortales”.
Y le contestó Hefesto, ilustre
patizambo: “No, no me ordenes eso, Poseidón, agitador de la tierra. Las fianzas
que se toman de la gente sin valor quedan sin valor. ¿Cómo voy yo a sujetarte a ti entre los dioses inmortales, si Ares se escapara una vez liberado del apuro y de la trampa?”
Y le respondió Poseidón, el que
sacude la tierra: “Hefesto, si acaso Ares, al verse libre de su apuro, escapa y huye, yo mismo te pagaré por esto”.
Y le contestó Hefesto, el ilustre
patizambo: “No es posible ni está bien rechazar tu palabra”. Después de tales palabras, el vigoroso Hefesto empezó a soltar los lazos. Los dos, apenas se libraron de su atadura, que era muy firme, en seguida partieron. Ares se encaminaba a Tracia, mientras que Afrodita, amante de la risa, se llegaba a Pafos, donde tiene un santuario y un altar perfumado. Allí la lavaron las Gracias y la ungieron con un óleo divino, como el que suelen usar los dioses que viven para siempre, y la vistieron con ropas seductoras, maravilla de ver.
(Trad. de Carlos García Gual, Alianza Editorial, Madrid, 2004; con modificaciones)








